8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

El 8 de marzo, como todas sabéis, se celebra el Día de la Mujer Trabajadora o Día internacional de la Mujer y se organizan una serie de huelgas en casi todas las capitales del mundo, a las que toda mujer Animosa debería asistir.

Pero, ¿qué conmemoramos en esa fecha tan especial para el movimiento feminista? ¿Cómo y por qué las mujeres empezamos a salir a exigir los derechos que nos correspondían? Y, ¿cómo ha ido convirtiéndose esa exigencia en las reivindicaciones multitudinarias de los últimos años?

Reivindicación obrera

Todo empezó a mediados del siglo XIX, una época en que los países industrializados estaban viviendo la llegada constante de trabajadores no cualificados a las ciudades, dónde entraban a trabajar en fábricas con jornadas de trabajo exhaustivas y pésimas condiciones laborales. Las urbes se masificaron y lo que antes eran calles formadas por casas unifamiliares se convirtió en hervideros de personas hacinadas en edificios insalubres y fábricas sin ningún tipo de seguridad. Entonces empezaron las protestas. Los obreros empezaron a organizarse y surgieron los primeros sindicatos.

No obstante, las mujeres, que formaban al menos la mitad de la fuerza laboral y además atendían los hijos y la casa, seguían estando doblemente desprotegidas. No sólo cobraban menos que los hombres y eran peor tratadas, sino que además su participación en los sindicatos era menor y no gozaba del mismo crédito. Mientras las primeras feministas burguesas se enfrascaban en la lucha por el sufragio femenino y accedían a la universidad, las obreras tenían suerte si sus propios familiares las consideraban como iguales.

8 de marzo de 1857

Y así se llegó al 8 de marzo de 1857, el año en que se produjo la primera marcha de obreras por los derechos laborales en la ciudad de Nueva York. La protagonizaron las costureras de la Lower East Side Company, y su reivindicación era que su jornada fuera de “solo” 10 horas.

Algunas fuentes afirman que 40.000 trabajadoras del textil se unieron a la huelga, y habrían sido más si algunos dueños de fábricas no hubieran encerrado a las obreras para que no pudieran abandonar sus puestos de trabajo. Una de esas fábricas fue la Cotton Textile Company, dónde las 129 tejedoras perecieron al declararse un incendio.

Este tipo de accidentes no eran poco habituales entre los obreros, pero la gran cantidad de fallecidas, que fueran mujeres y el papel de la patronal en su muerte fue algo que quedó grabado en la memoria colectiva. Algunas de las fallecidas eran apenas unas niñas, ya que en esa época el trabajo infantil era habitual.

Aportaciones desde el movimiento obrero

En los años siguientes, aunque la fecha del 8 de marzo aún no era una conmemoración oficial, las protestas laborales continuaron y las mujeres empezaron a hacer oír su voz a todos los niveles. Lo que empezó como una simple protesta por la mejora de las condiciones salariales fue bebiendo de múltiples fuentes. Desde el liberalismo americano que afirmaba que “todos hemos nacido libres e iguales”, a la afirmación de August Bebel de que el origen de la desigualdad entre mujeres y hombres está en el acceso al trabajo.

El movimiento se enriqueció, se extendió y llegó a todo el mundo. En 1917, en plena I Guerra Mundial, las mujeres rusas salieron a la calle para reivindicar el retorno de los combatientes. Fue la primera protesta de un año revolucionario que llevaría a la creación del primer estado comunista del mundo. Tras la instauración de la URSS, el 8 de marzo fue declarado festivo: había nacido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aunque en los países capitalistas la fecha no se fijaría en el calendario hasta 1975.

Igualdad, libertad, sororidad

Las reivindicaciones de cada edición del Día Internacional de la Mujer han sido distintas, y han dependido de la época y del país. No obstante, sus pilares han sido constantes: igualdad (respecto a los hombres), libertad (para disponer de nosotras mismas y de nuestra vida) y, por supuesto, sororidad.

Y ha sido la sororidad la que más ha ayudado a convertir la protesta en algo global. Porque, ¿qué sería del movimiento feminista sin ese hermanamiento que nos hace sentirnos cercanas unas a otras, que nos hace reconocer nuestras experiencias compartidas y nos lleva a una única lucha?

El 8 de marzo se ha convertido en una fecha universal porque es la fecha en la que esta lucha compartida por mujeres de todo el mundo se lleva a la calle al unísono. Una sola voz para exigir lo que todas necesitamos, aunque no todas carezcamos de ello.

Así, mujeres de distintas condiciones económicas, con problemáticas individuales distintas, nos reconocemos como parte de una misma lucha por la emancipación. En un mundo cada vez más interconectado, cada día más mujeres conseguimos vernos como seguidoras de ese mismo camino.

8 de marzo: una protesta global y en auge

En los últimos años, la cantidad de mujeres que participan en la huelga mundial del 8 de marzo es cada vez mayor. El año pasado entre 300.000 y 400.000 en Madrid, por ejemplo, y más de 50.000 en la mayoría de capitales de provincia.

Ha ayudado a ello el hecho de que la cantidad de mujeres trabajadoras se haya disparado en la segunda mitad del siglo XX, cuando mujeres como Rosie la remachadora, que nos inspira, ocuparon los sitios que dejaban libres los hombres.

Asimismo, también ha ayudado que las distintas olas del feminismo hayan mantenido esa fecha como momento central de sus reivindicaciones. Sin embargo, lo más relevante en este crecimiento es que el feminismo ha conseguido entrar en las agendas políticas de la mayoría de países: el Día Internacional de la Mujer no es sólo importante para el feminismo o para las mujeres, lo es para toda la sociedad.

Por eso la protesta no sólo ocupa portadas, sino que cada una de sus ediciones suscita debate y nos sitúa en el centro del panorama reivindicativo y social. Tras cada 8 de marzo, se el tema de la igualdad entre hombres y mujeres se mantiene durante meses en boca de la opinión pública, y la opinión pública, hoy en día, rige el mundo.

Por eso, el lema de hace dos años está, hoy, más vivo que nunca: “si nosotras paramos, se para el mundo”. Y necesitamos que siga parándose. Hay mil razones para ello: erradicar la violencia de género, luchar por romper el techo de cristal, acabar con la brecha salarial… El feminismo es necesario para la transformación social; la lucha no se detiene y nosotras tampoco.

Este 8 de marzo, ¡todas a las calles! Nosotras, desde luego, estaremos allí.

Una respuesta a «8 de marzo, Día Internacional de la Mujer»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

13 − nueve =