Enfermeras: las heroínas de nuestros días

Hoy, 12 de mayo, celebramos en todo el mundo el Día Internacional de la Enfermera. Se celebra coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, de la que nos encantaría hablarte hoy. Este año, en pleno Estado de Alarma, se conmemora el 200 aniversario de su nacimiento y, además, la OMS ha declarado el 2020 como el Año de la Enfermería. Desde Animosa queremos rendir homenaje a las enfermeras, esas mujeres extraordinarias que han hecho del cuidado de los demás su vida.

Enfermería: la profesión más antigua del mundo

Enfermeras, grandes profesionales

Durante gran parte de nuestra era, la tarea de cuidar a los que sufrían recayó en sus familiares y, muy especialmente en las mujeres de su entorno, claro. Madres, hermanas, hijas… fuimos las primeras enfermeras. Porque la enfermería (del latín infirmus, débil) no era vista como una ciencia médica, sino más bien como el acompañamiento de aquellos a quien no se podía curar. Una ayuda para los ricos a los que atendía un médico y lo único que tenían los pobres.

Por eso no es de extrañar que, a lo largo de los siglos, surgieran órdenes religiosas ocupadas en esa labor, como las Hijas de la Caridad, que ofrecían cierta formación pero no estaban realmente organizadas. Los hospitales de la Iglesia eran lugares dónde iba la gente que no tenía otra opción, y raramente se podía hacer nada con ellos.

Fue a causa de las guerras que la enfermería logró convertirse en una profesión organizada, y lo hizo de la mano de una mujer: Florence Nightingale.

Florence Nightingale: La dama de la lámpara

La guerras eran, hasta principios del siglo XX, auténticas carnicerías. Dos ejércitos frente a frente, suficientemente cerca como para que las balas atravesasen el espacio entre ellos. En los hospitales de campaña se amontonaban los soldados heridos y mutilados, esperando tener la suerte de ser tratados por un médico, algo que no pasaba a menudo. Por eso era tan importante el papel de las enfermeras: eran el ejército tras el ejército, la última voz amiga para los moribundos.

Pero la mayoría no tenían una formación adecuada. La tarea de enfermera recaía muy a menudo en mujeres de clase baja y solteras (que no se habían casado o no creían poder hacerlo). A veces se trataba de monjas, con mayor información. Pero ninguna de ellas tenía formación superior. Florence Nightingale sí. Hija de una familia acomodada, viajó, visitó hospitales y se formó de manera autodidacta. En 1853, con 33 años, empezó a aplicar esa formación en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas.

Las enfermeras en la guerra de Crimea

En esa época Reino Unido estaba en guerra con Rusia en Crimea, una guerra terrible en la que los soldados se enfrentaban no sólo al enemigo, sino también con enfermedades de todo tipo. Sidney Herbert, Secretario de Guerra y amigo de los Nightingale, solicitó ayuda a Florence. Ella misma, junto con 38 enfermeras, llegó a Crimea en 1854.

Allí, Florence Nightingale cambió por completo la manera como funcionaban los hospitales de campaña. Se aseguró de que hubiera agua suficiente para beber y para lavarse, impuso condiciones de higiene a todo el personal sanitario, obligó a mantener las salas ventiladas y vació los vertederos de desperdicios amontonados cerca de los pacientes. La mortalidad descendió inmediatamente.

A Florence la apodaron «La Dama de la Lámpara», porque por la noche, cuando ya todo el mundo dormía, podía «observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano«, como contó el Times. Fue una heroína, un ángel, para los soldados, y así lo explicaba en un poema Henry Wadsworth Longfellow:

Los heridos en la batalla,
en lúgubres hospitales de dolor;
los tristes corredores,
los fríos suelos de piedra.
¡Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.
Y lentamente, como en un sueño de felicidad,
el mudo paciente se vuelve a besar
su sombra, cuando se proyecta
en las oscuras paredes.

La profesionalización de las enfermeras

Enfermeras en guerra

La experiencia de las enfermeras en Crimea logró dos cosas: por una parte, mostró la necesidad de establecer medidas de higiene y, por otra, dio paso a una época nueva en la que las enfermeras pasaron a ser consideradas parte imprescindible del personal sanitario y a ser formadas como es debido.

Antes de eso, las mujeres con conocimientos médicos eran muy escasas. Había mujeres expertas en remedios, a las que se pedía consejo o se quemaba por bruja según la necesidad del momento, y algunas que lograron aprender algo extraoficialmente ayudando a médicos varones. La sorprendente historia del cirujano militar James Barry que dejó al descubierto su condición de mujer tras su muerte, es un caso excepcional.

Sí, has leído bien, James Barry (que curiosamente había coincidido con Nightingale en Crimea) fue un cirujano del ejército británico que cuando murió y se procedió a prepararlo para el entierro, se descubrió que era una mujer. Se la considera la primera mujer médica británica, pero nos da que pensar, ¿quizás hubo alguna anterior, también oculta bajo una identidad masculina?

Medicas y enfermeras

Tras la guerra de Crimea se le permitió a Florence Nightingale crear la primera Escuela de Adiestramiento de Enfermeras del mundo. Unos años después ayudó en la creación de la Cruz Roja Internacional, y formó parte de su Comité.

Enfermeras hoy: la mano derecha de los médicos

enfermeras, mujeres Animosa

La formación de las enfermeras, su profesionalización y su inclusión en todos los servicios sanitarios del mundo ha supuesto un giro de 360 grados en la manera de atender a los pacientes. Actualmente las enfermeras son las primeras personas con las que se contacta en un hospital, ayudan en los quirófanos, practican curas, suturan heridas y son la cara amable de la sanidad.

Trabajan, como Florence, más que nadie, y, aunque ya no se pasean con lámparas de madrugada, en estos tiempos convulsos, su presencia sigue tranquilizándonos. Porque ellas siempre está ahí. A pesar de los riesgos, siguen trabajando. Mal pagadas, mal equipadas, miles de mujeres extraordinarias nos están protegiendo del Coronavirus.

Ojalá esta situación nos ayude a abrir los ojos y nos proporcione una nueva visión sobre lo que la enfermería representa. Un aplauso para estas mujeres —casi el 85% de lxs trabajadores de enfermería lo son—que, de alguna manera, siguen estando en primera línea de combate.

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